jueves, 4 de febrero de 2016

Esperar.

Nos dice Jesús en el evangelio que "mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo" (Jn 5,17). Muchas veces mientras vamos caminando las promesas de Dios para la propia vida, toca pararse con confianza, esperar y dejar que Dios actúe. Y esto no implica quedarse de brazos cruzados... La espera es trabajo, y más cuando para que sea fructífera la espera tiene que ser acompañada de confianza. ¿Confianza en qué? En que Dios siempre llega a tiempo, en qué Él está más interesado que nosotros mismos en llevar su obra a cabo en nosotros, en que nunca va a abandonar la obra de sus manos...

Esperar casi siempre va de la mano de la oración, quizás el mejor lugar donde Dios nos puede ir trabajando. "Acá estoy Señor, te pertenezco. Te pido con humildad que lleves a término la obra que iniciaste en mí el día que me llamaste a la vida. Soy barro blando entre tus manos amorosas. Enséñame a aceptarme cómo soy, mientras voy caminando a ser lo que tu soñaste en mí".

viernes, 28 de agosto de 2015

¡Tarde te amé!

¡Tarde te amé,
hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé!


Tú estabas dentro de mí, y yo fuera,
y por fuera te buscaba, y deforme como era
me lanzaba sobre las cosas hermosas por Ti creadas.

Tú estabas conmigo,
y yo no estaba contigo.
Me retenían lejos de Ti todas las cosas,
aunque, si no estuviesen en Ti, nada serían.


Llamaste y clamaste,
y rompiste mi sordera.
Brillaste y resplandeciste,
y pusiste en fuga mi ceguera.


Exhalaste tu perfume,
y respiré,
y suspiro por Ti.


Gusté de Ti,
y siento hambre y sed.
Me tocaste,
y me abrazó  tu paz.

 


San Agustín

sábado, 9 de mayo de 2015

Al mirarte


Al mirarte , mi corazón puede encontrar las paz...
cuanto tiempo haya de pasar... no lo sé.
Pero al mirarte...
¡Al mirarte, sé que soy tuya!




viernes, 2 de enero de 2015

Salmo 27



El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?
Cuando los malvados se lanzan contra mí, para devorarme, son ellos, adversarios y enemigos, los que tropiezan y caen.
No temo, aunque un ejército acampe sobre mí. Aunque en mi contra se levante guerra, a pesar de ello, me sentiré consolado.
Una cosa pido al Señor, sólo eso ando buscando: vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida, gustar la dulzura del Señor frecuentando su templo.
Él me cobijará en su santuario en los días adversos; me ocultará en lo escondido de su tienda, me alzará sobre la roca.
Y ahora se yergue mi cabeza sobre mis enemigos que me cercan. En su tienda yo ofreceré sacrificios, lleno de gozo. Cantaré y tañeré para el Señor.
Escucha, Señor, mi clamor; ten piedad de mí, atiéndeme. Me dice el corazón: “Busca su rostro”. Sí, tu rostro, Señor, es lo que busco.
No me ocultes tu rostro, no rechaces irritado a tu siervo; tú eres mi auxilio, no me desampares, no me abandones, ¡oh Dios, salvador mío¡
Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me acogerá. Enséñame tu camino, Señor, guíame por la senda del bien, porque me persiguen.
No me entregues al poder de mis adversarios, pues se alzan contra mí testigos falsos, que están llenos de violencia.
Espero gozar los bienes del Señor en la tierra de los vivos.
Espera en el Señor, sé fuerte; ten ánimo, espera en el Señor.

viernes, 29 de agosto de 2014

Estate, Señor, conmigo siempre.


siempre, sin jamás partirte,
y, cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te vas.

Llévame en tu compañía,
donde tu vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú
la vida del alma mía;
si tú vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.

Por eso, más que a la muerte,
temo, Señor, tu partida
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tu das
sé que alcanzarla no puedo
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas.
 

lunes, 24 de marzo de 2014

María, Madre...


Madre por siempre mi madre, te veo ahí con el corazón atravesado y aun así con lindas rosas que brotan del mismo…  es un dolor alegría que puedo ver en tu corazón…
Al pie de aquella cruz, inmutable, firme, resistiendo tan grande dolor, permite que yo este contigo, quiero acompañarte madre, soportar contigo el dolor de ver a Jesús en lo alto de aquel madero.
Y a decir como tú hágase señor, aunque el corazón se me parta, aunque camine entre espinas, aunque ya no quiera hacerlo…
Madre ayúdame a decirle hágase señor… con seguridad, con convicción con tu misma entrega y docilidad.
Ayúdame a responder al plan de Dios para mí, conforme a lo que Dios quiere que sea, no como yo quiero que suceda…