miércoles, 4 de septiembre de 2013

¡Y desde entonces fui feliz!

Aquella noche de luz comenzó el tercer período de mi vida, el más
hermoso de todos, el más lleno de gracias del cielo...

La obra que yo no había podido realizar en diez años 
Jesús la consumó en un instante, conformándose con mi buena voluntad,
que nunca me había faltado.

Yo podía decirle, igual que los apóstoles: «Señor, me he pasado la noche
bregando, y no he cogido nada». Y más misericordioso todavía conmigo
que con los apóstoles, Jesús mismo cogió la red, la echó y la sacó repleta
de peces... 

Hizo de mí un pescador de almas, y sentí un gran deseo de trabajar por la conversión de los pecadores, deseo que no había sentido antes con tanta intensidad... 
Sentí, en una palabra, que entraba en mi corazón la caridad, 
sentí la necesidad de olvidarme de mí misma para dar gusto a los demás.
¡y desde entonces fui feliz...!



Extraido de- Historia de un Alma-

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